Hace algunos años se me ocurrió hacer una lista de los que, según yo, eran los mayores bienes de la vida, recuerdo que los anote por orden de importancia, primero la salud, después, el amor, el talento, la energía, las riquezas y por último, la fama; satisfecho con mi elección, le mostré la lista a un experimentado amigo mío, la leyó y me dijo: Me parece muy bien lo que has elegido, incluso el orden en que lo has colocado, pero te faltó algo sin lo cual todo lo demás no sirve para nada y con mi autorización, tacho toda mi lista, para después escribir solo dos palabras, "Tranquilidad de espíritu"; me dijo que la salud y el talento se pueden ver en muchas personas, los ricos y los famosos abundan, pero la tranquilidad emocional solo es concedida a unos pocos; en todas las épocas los hombres verdaderamente sabios han implorado por la paz del alma, de que le sirve el mundo entero a quien no tiene la paz? La verdad es que en ese momento me pareció que mi amigo exageraba, pero hoy, algunos años mas tarde, mi propia experiencia y lo que he aprendido de las experiencias ajenas, me permiten verlo todo con mayor claridad y estoy convencido de que mi amigo tenía razón "la tranquilidad emocional" es el mayor de los bienes...
La tranquilidad de espíritu no depende de que las circunstancias sean buenas o sean malas, florece en nuestro interior a pesar de la falta de comodidades materiales, incluso ante la salud mermada por alguna enfermedad; la mansión mas amplia y espléndida le parecerá estrecha a quien se encuentra asediado por las inquietudes, pero quien disfruta de paz interior se encuentra muy a gusto en su casa, por humilde y pequeña que esta sea; en todas las épocas, sin importar sus creencias o su idioma los seres humanos han implorado por el sustento del cuerpo y la paz del alma; anhelar la serenidad no quiere decir que rehuimos el esfuerzo que significa mejorar en la vida, ni confundimos esa tranquilidad con el deseo egoísta de encerrarse como ermitaño, al contrario, cuando aspiramos a esa tranquilidad debemos perseverar en cultivar nuestro ánimo, que es el escudo protector contra todos los golpes que nos da la adversidad, aunque debemos admitir que la paz emocional no es posible alcanzarla en un día y menos si nuestros esfuerzos son aislados o fugases, ni siquiera la sublime emoción del amor compartido puede otorgarla y aunque el amor es lo mas cercano a la dicha perfecta, también debemos admitir que el sosiego interior que apetecemos esta en nosotros, pero no lo vemos y no lo vemos por que no nos atrevemos a entrar en nosotros y hacer un inventario de los deberes y los haberes que nos hemos generado...
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